Alertan sobre el riesgo de incendios: recomiendan más extintores y frenar cosechas en las horas críticas
En pleno estío, cuando el sol no perdona y la tierra respira calor por cada surco, el campo español vuelve a encender las alarmas. No es una figura retórica. La amenaza es literal. Organizaciones agrarias de todo el país advierten del creciente riesgo de incendios en explotaciones agrícolas, especialmente en zonas cerealistas, y recomiendan medidas urgentes y contundentes para evitar nuevas tragedias.
La reciente pérdida de dos vidas en un incendio en la comarca de La Segarra, en Lleida —el primer gran fuego agrícola del año— ha servido como catalizador para reforzar los mensajes de prevención. El siniestro, presuntamente causado por una máquina cosechadora, se ha cobrado 6.500 hectáreas de cereal y el corazón de toda una comunidad agrícola. Y, como en tantas otras ocasiones, el aviso llega después de la desgracia.
La protección contra incendios en el campo no es opcional: es cuestión de supervivencia
Durante los meses de verano, el binomio maquinaria-cultivo se convierte en una fórmula peligrosa si no se toman las debidas precauciones. Las cosechadoras, tractores y empacadoras se mueven entre rastrojos secos, con altas temperaturas, y cualquier chispa —por mínima que sea— puede encender una catástrofe.
Por eso, desde organizaciones como COAG y Unión de Uniones, se está impulsando la obligatoriedad de dotar a todos los vehículos agrícolas con sistemas de extinción de incendios eficaces, especialmente en las épocas más secas del año. La instalación de un extintor polvo en cada vehículo agrícola no debería ser una recomendación, sino una norma no escrita que todo agricultor responsable asuma como parte de su faena diaria.
Las horas críticas: cuando el calor puede con todo, incluso con la prudencia
Las altas temperaturas no solo agotan cuerpos, también elevan el riesgo de ignición al máximo. Las entidades agrarias lo tienen claro: evitar cosechar entre las 12:00 y las 18:00 puede marcar la diferencia entre una campaña segura y un desastre absoluto. Sin embargo, existe un conflicto: esas mismas horas son en las que el grano suele encontrarse en mejores condiciones de recolección.
“Es una lucha contra el reloj”, reconocen algunos agricultores, conscientes de que cosechar a deshora puede reducir rendimiento, pero también puede salvar cosechas, infraestructuras y vidas. Y es que, a temperaturas por encima de los 35 °C, una chispa en una siega puede ser una sentencia de incendio.
Para enfrentarse a esa posibilidad, es crucial conocer los tipos de fuego que pueden presentarse en una explotación agrícola. Los fuegos clase abc son los más comunes: implican materiales sólidos (como paja y madera), líquidos inflamables (como carburantes) y gases. Solo los sistemas de extinción adecuados pueden atajarlos eficazmente.
Equipamiento mínimo: una cuestión de responsabilidad y prevención
Además de los extintores, se aconseja llevar depósitos de agua en los vehículos, herramientas como palas, azadas o incluso rotovators para crear cortafuegos en caso de necesidad. La combinación de medios manuales y sistemas presurizados puede hacer que un conato no pase de eso.
Tal y como explica el responsable de COAG, Jaume Bernis, los agricultores están más expuestos que nunca durante el verano, y cada jornada de trabajo supone un ejercicio de equilibrio entre producción y prevención. De ahí que sea vital reforzar las campañas de sensibilización en cooperativas, ferias agrícolas y talleres rurales.
Las organizaciones están impulsando recursos didácticos y prácticas de emergencia para que los trabajadores del campo sepan cómo actuar ante un fuego incipiente. No basta con tener el equipo: hay que saber usarlo. Una herramienta mal empleada es tan inútil como su ausencia.
La labor informativa en este ámbito es esencial. En portales especializados como informacion sobre extintores se pueden consultar recomendaciones actualizadas, fichas técnicas, formación y consejos de mantenimiento para equipos de extinción.
El cereal: más denso, más combustible, más riesgo
Este 2025 ha sido un año de lluvias generosas. Buenas noticias para el grano, pero malas para la prevención. La humedad acumulada durante la primavera ha favorecido un crecimiento más denso de las plantas, y ahora, al secarse, esa misma masa vegetal se convierte en combustible listo para arder a la menor chispa.
“El cereal este año tiene mucho corte, y eso significa que cualquier chispa lo prende”, explica Néstor Serra, coordinador comarcal del Segrià. El riesgo es doble: mayor densidad vegetal y mayor actividad mecánica al intentar segarlo, en jornadas cada vez más tensas y ajustadas por los calendarios de la PAC.
Cooperación con servicios de emergencia y protocolos claros
Cuando un incendio supera la capacidad de contención inicial del agricultor, no hay lugar para el orgullo. Avisar rápidamente a los servicios de emergencia y seguir sus indicaciones puede marcar la diferencia entre un incidente localizado y un desastre regional.
Mientras llegan los medios aéreos y terrestres, los propios trabajadores del campo pueden contribuir activamente: creando cortafuegos con maquinaria pesada, mojando zonas colindantes o guiando a los equipos de extinción. En el campo, la solidaridad también prende rápido.
El fuego no espera: prevención activa y vigilancia constante
La realidad es que ningún protocolo garantiza el riesgo cero. Pero lo contrario, la dejadez, sí garantiza un riesgo altísimo. Por eso, desde las organizaciones agrarias se insiste una vez más: dotar cada cosechadora de un extintor homologado, evitar cosechar en las horas críticas y mantener la maquinaria en perfecto estado son pilares fundamentales.
El verano ha comenzado, y con él las campañas agrícolas más intensas del año. También lo ha hecho la temporada de incendios. Estar preparado no es opcional. Es la única opción.